cabecera LAS MÁS CONFIABLES, LAS MÁS VERIFICAS

MI TRABAJO ES JUGAR A LA CONSOLA

Los videojuegos solían ser un recreo. Encendías la consola, agarrabas el control y te olvidabas del mundo. Ahora, cada partida parece una reunión de trabajo con un jefe invisible que mide tu rendimiento en kills por minuto. «Start» ya no significa empezar a divertirse, significa fichar. Y cada derrota es un informe negativo en tu expediente digital. Cada victoria, un bono que nunca llega.

Lo más grotesco es que pagas por el privilegio de ser explotado. Compras cosmeticos, pases y expansiones para poder seguir trabajando en tu «carrera». Es como ser becario eterno en una empresa fantasma, donde el aire acondicionado está roto y tu oficina es un lobby lleno de adolescentes gritándote por el micrófono.

La conclusión es tan deprimente como obvia: los videojuegos ya no son entretenimiento, son un empleo mal pagado disfrazado de diversión. Y lo peor es que seguimos entrando voluntariamente, convencidos de que estamos jugando, cuando en realidad estamos cumpliendo horas extras en un trabajo que nadie pidió.


Escritor


Jossiel Acevedo